6. El mantel

 En un principio fue el mantel...

Cuando llegué, el tramo de fieltro ya estaba allí...



 ...o cuando menos ese era el plan.

Así empiezan algunos buenos relatos... me han dicho.

Apuntes para Catálogo razonado… -ni mucho menos-.

A Paty y a mi nos unió el amor al desierto. Yo en entradas compulsivas y salidas pa’la ambulancia intermitentes para comulgar con sus hoscas bendiciones. Ella, hija de familia cachana numerosa del desierto del Vizcaino, tenía de eso, lleno el corazón.

En 1991, recién casado con la profesora Cora Patricia Valencia Mayoral (), ella consiguió un tramo circular de fieltro blanco en Los Globos, en Ensenada. Una oportunidad de ganga de ese 'mercado de segunda'. Ya se avecinaban las fechas navideñas... Y ella pensó en que yo podría -en un ratito- hacer un mantel navideño... ‘con algunos venaditos rupestres en el borde’. No dije nada. Me lo llevé y me encerré con él.

En esos días, después de la comida con Paty, de vez en cuando en las tardes llegaba de visita Francisco Ramírez -el Chino- Burgóin (). Se juntaban para tomar café, fumar y platicar muy a gusto y extendido en la cocina -al modo cachano-. 

Esas pláticas tenían su ritmo, yo lo había escuchado en los campos pesqueros y en las rancherías de la Baja. Había un protocolo sencillo y delicado de todo el proceso de la conversación, que hacía que simplemente sucediera, como si nada. En ocasiones, desde el cuarto donde trabajaba, oía exclamaciones de entusiasmo y las risas. En general solo escuchaba un murmullo, ese murmullo lo he asociado con el de un enjambre. Es como si el cerebro vibrara a otra frecuencia. Yo digo que eso es algo de la dimensión psicosocial comunal. Ojo: no solo comunitaria. Era todo un ritual y un conjuro de esos dos buenos memoriosos cachanos. Lo hacían por horas. Y uno podría preguntar: ¿de qué tanto platican? Podrían estar haciéndolo igual junto a una fogata, en alguna brecha secundarias cerca de la planicie costera a media noche, atizados por el viento y cobijados por la oscuridad 3’D - 360° esférico. Era lo mismo. Era la escena inmemorial. Si la hubiéramos planeado, no sale. Junto al fuego, de la fogata, del fogón o de la hornilla de gas, la conversación interminable de conjuros memoriosos. Al fondo, en la cueva o el cuarto de la casa ahora, el otro atrapando y plasmando fantasmas del corazón de la vacuidad, con las manos y ahora también con pinceles y empastes.

‘Si me apuro en dos o tres días ya está’. Al empezar el trabajo de cada día daba la impresión de ser la última mano. Únicamente, no parar y al final dejarla respirar. Al día siguiente, ya reposada, la pieza pedía nuevamente un día más… Perdí la cuenta de las capas, los esfuminados y los días. Paty, respetuosa, no decía nada. Iba y venía de la chamba.

Y se desató la estampida de venados por todos lados. Entre el gentio del gran círculo congregado frente al rostro de la tierra y del universo. Brincaban hasta por encima de los dos grandes venados que daban vueltas entre sí, pues.

Y así por días. Y era intenso sin pensar. Únicamente siguiendo con la mano, el atrapasueños y el cuerpo, el ritmo de ese conjuro del enjambre atemporal. Al final, las últimas jornadas fueron para la aplicación de la pintura fosforescente. Y sus pruebas en cuarto oscuro, todo un tinglado para ajustar con la sentencia dictum:

Como es arriba es abajo -dijo el 'Hermes'-.

Así en la cueva como en el cosmos… -diría el otro-.

Ese sería su epígrafe -’ora resulta que hasta con epígrafe y todo…-. Pero es cierto. Así es la vida.

Desde el principio, el tramo circular de ese tamaño de fieltro blanco me encantó. Y no pude parar, ni siquiera consideré si mantel o qué. 

A las dos semanas ya lo vieron ellos dos. Los padrinos alcahuetes del conjuro platicadito… Era un gran cuero viejo con tatuajes encarnados. El colmo: en los grandes venados tatuados en ese 'cuero', los pequeños venaditos eran tatuajes en sus cuerpos, la escala fractal …y del mantel ya no dijimos nada. 

 


 

La matrioshka fractal… no menos, como mitopoyética (*)

Por mi parte estaba trabajando piezas de formato medianas de acrílico sobre pellón, para la expo de la 'Rupestricidad personal contemporánea' -que así fue el subtítulo de la expo, para desacralizar tabús múltiples-.

Contaba con la tira del Maijañuí codex y su estuche de cuero. Desde Laguna San Ignacio, venían en camino el atado del hueserío de ballena gris, con una hermosa escápula, costillas, discos intervertebrales, barbas de ballena y todo. Restos de una ballena muerta varada en Malarrimo, colectados en mi estancia en solitario de tres semanas en ese varadero, después de la caminata desde Vizcaino de varios días. 

Teníamos la sección de fotografías de Laguna San Ignacio, de los almejeros en cosecha de almaja pismo, de la Isla Ana y otros temas, incluida la inmolación del 'Códice de la Freidera' en un salitral de la Laguna una noche ventosa... pero esos son otros cuentos. 

Contaba ya con algunos dibujos a tinta china, las piedras de alabastro talladas con un clavo de 6 pulgadas (sic), que casi me descoyuntaron las cervicales. Con el hacer, la museografía se iba definiendo. Me recuerda el pintor Carlos Smith -en ese tiempo muy jóven- que le metieron también las manos al montaje, por parte de la galería del ICBC, con José Luis Gerardo -el Chichí de la Prepa- veido a gran ajedrecista como pasión. 

Ocuparíamos un cuarto oscuro también, porque también sería una cueva mental (sic) totalmente oscura en la que el público estaría inmerso con la fosforescencia de los cuadros, las piezas y los huesos del 'Rincón de la ballena'.

 Poco a poco elaboraba lo que serían las Constelaciones rupestres (sic). Estaba la mayoría avanzada: Ovocervus, Ovocervus -eclosión-, El Abrazo, Cardiacervus, Necrocervus, Spirocervus, Ludicervus. Los Cielos mágicos del venado, de los que hablaban Las historias del Koakjentil del Maijañuí codex

En el interior de una cueva oscura resplance el universo. Dos dimensiones empalmadas en las mismas figuras y espacio. Cuando vemos una no vemos la otra.

Para mí ya era obvio todo esto de que el Maijañuí codex encerraba otros cuentos encriptados -como buen relato mítico fractal (sic)-, como muñequitas matrioshkas, que nadie los veía. No tenían por qué hacerlo, ni para qué. Y no tenía mucho sentido hablar de cosas que nadie ve, más que uno. (Ahora que lo pienso: así ha sido mi vida).

Esto de las Constelaciones rupestres de los designios mágicos de los Cielos del venado de las Historias del Koakjentil (venado) del Maijañuí codex, a su vez, fue de pasar muchas noches bajo esos cielos del desierto del Vizcaino en diferentes regiones: en el cañón de Santa Teresa en la Sierra de San Francisco, en el varadero de Malarrimo, en Laguna San Ignacio, en los salitrales y en el islote Ana. Y permanecer mudo -no solo por estar solo-, frente a esa inmensidad repleta de estrellas. 


En alguna ocasión lo único que pensé fue que se podían identificar las constelaciones 'convencionales', las que todos conocemos del zodiaco occidental, y a mí me seguían sobrando estrellas para otras constelaciones de ese territorio: las constelaciones de los cielos mágicos del venado. No lo comenté. ¿Con quién? Y, sin embargo, los rancheros y pescadores que ven y saben si tú ves, me dijeron: A’i ta pues

 El Dr. Alfredo López Áustin () y el Dr. Luis Reyes García () -ambos eminencias en etno-historiografía y códices mesoamericanos- así vieron el códice rupestre en 1993. Cuando se los llevé a la Cd. de Mx. López Austin dijo: “es una obra que mantiene el sabor de la mitopoyética”. Al pedirle al Dr. mayor aclaración, respondió: 'así se hacen los mitos'... Y de plano, el Dr. Reyes García me habló de cuando de niño jugaba con códices de su comunidad en un poblado de Veracruz. Eso por el lado del códice rupestre y su vínculo con las pinturas rupestres y con el mito kumiai de la creación. Es decir por el primer eslabón logrado de articulación atemporal entre los vestigios de los gigantes comunales seminómadas ancestrales y nuestras andanzas peripatéticas de individuos modernos precarizados, en el mismo territorio. 

Por el otro lado, en la otra escala de la misma dimensión, un zodiaco rupestre, muy de ahí -cachano-, muy desde siempre, desde la época de esos gigantes comunales ancestrales. Permanecía en silencio frente a nosotros, escondido entre las estrellas del zodiaco hegemónico que nos deslumbra, como si él solo existiera y fuera la única verdad. 


 

-En navidad y año nuevo de 1991, cenamos con el mantel colgado en la pared... 

Para exposición, le pedí a Paty que ella escribiera el texto de sala: 

En aquel momento, ...¿quién mas? 


La obra plástica como apuntes y reportes…

En perspectiva, conceptualmente, a este tipo de piezas, ahora las llamo, 'reportes mitopoyéticos se elaboran después de realizar avances de experimentación psicosocial. O apuntes programáticos' personales, cuando se realizan antes de la creación y de producción colectiva o comunitaria.

En este caso, el conjunto fue un reporte de la dimensión mitopoyética del desierto de B. Cfa. Cada serie de esa exposición fue una parte de las matrioshkas desempacadas: Lo que siempre mencioné como la otra escala fractal de la misma dimensión mítica del corazón del espíritu de desierto de la península de Baja California.

No se confunda, apunte o reporte no tiene que ver con el procedimiento de elaboración preliminar de una obra, lo que se llama boceto de estudio, aunque a veces se menciona como apuntes

A los que yo me refiero, tienen que ver con que es el procedimiento para compartir con los otros, el avance de construcción de una experiencia no reportada visiblemente, no transmisible verbalmente... y que ya no existe en nuestro modo de vida. Y hacerlo mediante el recurso de la expresión plástica de cada obra. 

-Y cuando lo vimos colgado en la expo, Paty, el Chino y yo nos reíamos del mantel... 

De algo de esto eran las pláticas en corto con el maestro Pedro Peralta a principios de los 90, cuando vio esa expo, el códice rupestre y el Cosmocervus. Hablamos de obras que tienen que integrar y constituir un patrimonio artístico y cultural de la península. De si era posible y para qué hacerlo. Hablábamos de esto con él y por nuestra cuenta ya llevábamos el primer tramo, la primera entrega, el primer reporte plástico-visual. Esa rupestricidad pelona, desde todas mis ignorancias modernas… 

Después vinieron los geoglifos. Pasamos a la otra escala fractal de la misma dimensión mítica de ese desierto (sic). Nos entrenábamos en ello. En 1997, tres meses a pie de playa para no quitar el dedo del cerro. Y a fines de 1998, mínimo 7 meses, pegados al ‘surco’ del geoglifo para la Ballena Kuyimá, durante tres años. Continuábamos balbuceando el remedo de la lengua de los gigantes comunales seminómadas ancestrales. Pictóricamente ellos dominaron la escala rupestre de los cobijos y cuevas, bajo el mismo cielo estrellado. El suyo.

Para mi estaba claro: ellos desde entonces con su hacer, habían dejado una obra que significa ahora un patrimonio universal de la humanidad (sic). Nosotros los modernos, con nuestro hacer, no hemos dejado algo similar para los que vengan después… tan solo nos acabamos el planeta. Y en el corazón del desierto de Baja California, esos murales conversan con la eternidad y el vacío. ¿Y nosotros cuándo? 

 

Explicación no pedida... 

Diez años después, en el gran auditorio repleto de una secundaria, de La Paz, B. C. S. hice que alumnas y alumnos se regresaran después de haberles dicho que ya había terminado la plática de una hora. Cuando como salido del trance, se los pedí de favor -¡a secundarianos!-. Solo para decirles: ‘Esto que les acabo de platicar, así como sucedió, que hasta el proyector falló y no hubo diapositivas de todo lo que hicimos con los geoglifos. Repito, esto que hablamos con ustedes, y ustedes tan atentos, solo lo he podido platicar -con la misma confianza-, con unos cuantos amigos -contados con los dedos de una mano-, de toda la península, durante esto diez años… ¡‘Ora si ya váyanse! Gracias.’ Igual de callados y respetuosos, se miraban entre sí, se levantaron y se fueron.   

____________

*  'Chiste tipo Peña Nieto', que por supuesto él no entendería, de un subtítulo de este artículo con términos que antes fueron tabús académicos, solo de especialistas. Significa que empezamos a trasladar a la dimensión coloquial una dimensión humana invisibilizada por la modernidad. De eso también -en el campo de la interpretación- trata el Cosmocervus...

 

 
Comparto comentario complementario de Ricardo Juárez Miranda, quien en aquella época estuvo viviendo una temporada en Ensenada. 
 
Hola deseó que te encuentres bien.
Ya leí Rupestricidad retro me parece excelente texto y me da gusto que haya aparecido tu cuadro
Para mí es el cuadro más hermoso que has pintado.
Por qué tuve la fortuna de ver cómo lo fuiste plasmando y sentir lo que significó para Paty, recuerdo que una noche que me quedé con ella por qué tú te habías ido a San Ignacio, eran cómo las una o dos de la mañana y escuché un ruido. Me pare y vi que era ella desenrollando su mantel. Le ayude y me dijo que no tenía sueño y me preguntó que que me parecía el mantel. Sin pensarlo le dije que era el cuadro más amoroso qué he visto. Se le salieron unas lagrimas y emocionada me dijo ¡¿verdad que sí, verdad que si?!.......pinche Paco, no se midió. Yo nada más le pedí un trapo para nuestra mesa y mira lo que está haciendo (no recuerdo si ya le estabas poniendo la fosforescencia o apenas se lo ibas a poner)
Con todo respeto que te mereces solo lo puedo ver cómo el mantel de Paty.
Un abrazo cuídate

Comentarios

Entradas populares de este blog

1. Rupestricidad retro

12 Tequio y ManoVuelta

10 Evento-donación y AC. Vamos avanzando