3. Memoria y borramiento

 Memoria popular-comunitaria y borramiento de la historia

La memoria popular comunitaria como antídoto contra la psicosocio patología.

 



En el terreno social, se da el acontecer del 'presente de realidad', de los individuos modernos, mismo que fluye dentro de un contexto psicosocial específico co-construido históricamente. 

También, derivado del mismo, ya sea para profundizar en su curso o para modificarlo, emergen nuevas experiencias sociales, que por ser innovación pueden emerger junto con nuevos contextos psicosociales.

Cuando esto sucede, eso nuevo que emerge y nos sorprende inmersos en ello, puede ser algo que en realidad nos corresponde por nuestra propia condición humana, pero que la desconocíamos, como parte constitutiva de nuestro relacionar cotidiano. Únicamente percibimos la sensación de un extraño bienestar que nos produce. Entre otras cosas porque posibilita verdaderas experiencias sociales de relaciones humanas (sic).

Hemos dicho que este contexto, emerge sólo de una de las dos condiciones históricas psicosociales diametralmente opuestas:

1. El ejercicio de la soberanía popular comunitaria de un país

2. La usurpación de dicha soberanía popular por la oligarquía criolla colonial. 

En México, con todo y lo que va de la 4T, durante los 200 años de independencia, prevalece la usurpación de la soberanía popular. 

El ejercicio de la soberanía subalterna

Existe una gran paradoja, al observar que las grandes transformaciones históricas en nuestro país, han sido determinadas por movilizaciones populares realizadas por grandes periodos hasta su consumación. Es decir, durante periodos donde el ejercicio de la soberanía popular se realiza o se ejerce, incluso con el ejercicio de las armas. Esto ha permitido resolver problemas a nuestro país que de otra forma hubieran desembocado en un curso distinto de nuestra historia. Dado que implicaron la afirmación de la defensa del territorio nacional.

También permitió que México fuera precursor moderno de diferentes aspectos que después se esparcieron por el mundo. Como lo fue la definición de los Derechos sociales de nuestra Constitución y la creación de instituciones de Servicios públicos derivados de dichos derechos sociales. La separación de el Estado y la Iglesia

Por otra parte, existe una dimensión ignorada, invisibilizada y negada de lo que somos como país. Me refiero a la condición histórica de nuestro país como un verdadero mosaico de naciones y pueblos que no han sido reconocidos en su conjunto por lo que son y con sus correspondientes derechos como pueblos y o naciones. Nunca hemos discutido nuestra condición invisibilizada de país plurinacional.

Situación que sólo fue visible socialmente hasta 1994, con el levantamiento indígena zapatista de EZLN. Situación, que después de eso, no ha progresado, salvo por las propias iniciativas de esos sectores populares y mediante el despliegue de enormes esfuerzos jurídicos y políticos. 

Violencia social multidimensional legitimada

De manera complementaria a esto, al ser la usurpación un ejercicio de la dominación, explotación y hegemonía de la oligarquía mediante el uso del Estado, prevalecen las diferentes formas de violencia social legitimadas por el propio Estado. Sin embargo, esto no puede sostenerse mucho tiempo. Los pueblos no pueden soportarlo. Se requiere de otro tipo de recursos de coerción hegemónica. 

Es ahí donde la dimensión ideológica y cultural se incorpora, al entramado de la dominación hegemónica de la oligarquía criolla colonial en el país. Y en ella, el uso de la historia es crucial, por un doble factor: por un lado coadyuva a borrar la memoria popular y de los hechos históricos. Y por otro lado, construye una narrativa idónea a sus intereses y objetivos.

El borramiento de la historia es un proceso brutal. Es una lobotomía psicosocial, sobre el conjunto de la sociedad, para consumar dicha usurpación. En los hechos es un proceso de violencia psicosocial extrema, sobre el conjunto de la población. 

La usurpación de la soberanía popular solo puede ser sostenida con nuevas y continuas formas de violencia psicosocial. Que requieren a su vez, dispositivos institucionales y corporativos mediáticos y jurídico-judiciales corruptos. Y en última instancia del respaldo de la fuerza militar, como hemos señalado anteriormente. 

Es un mecanismo sin solución interna de sanación. Que sólo puede sostenerse y continuarse por la inyección de enormes cantidades de recursos económicos destinados a la propia corrupción, que requiere de integrar a su propio sector intelectual orgánico elitistas, clasista, machista y racista. Intelectuales orgánicos que se distinguirán también por el ejercicio de la simulación y la hipocresía.

Esto genera un Frankenstein modular de relaciones no humanas, de energía psicosocial entrópica disociativa. Cuya única beneficiaría es la matriz Neoliberal necropolitica asociada al Capitalismo financierista de despojo, saqueo y extractivismo voraz... hasta agotar los recursos del país y destruir a su paso a las comunidades indígenas en resistencia socio-ambiental. Verdaderas reservas de futuro de la deriva evolutiva biológico cultural humana. Y que, con la sabiduría comunal corpo-territorial preservada con sus modos de vida, son los únicos guardianes y custodios de la biodiversidad del planeta.

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